viernes, 21 de junio de 2013

PALABRAS CON LAS QUE ES FÁCIL CONFUNDIRSE (Parte 2)


Seguimos con algunos casos de palabras conflictivas:

           1) vaya/ valla 

           2) haya/ halla

           3) abría/ habría 

           4) haber/ a ver

           5) osea/ o sea/ ósea




¿Tenéis claro cuál es la diferencia entre estas palabras?
Podéis comprobarlo a continuación:

Primer caso, ¿lo habéis pensado ya?

1) vaya/ valla

"Vaya" es una forma del verbo "ir":
El director quiere que vaya a verlo mañana.

También es una interjección que se usa para comentar algo favorable o desfavorable, así como para conferir un sentido superlativo a algo, ya sea bueno o malo, por ejemplo:
¡Vaya nevada! No podremos salir a cabalgar (negativo).
¡Vaya caballo! Es precioso (positivo).


Por otro lado, "valla" es un vallado o estacado, por ejemplo:
Vamos a pintar la valla de color rojo.



2) haya/ halla

"Haya" es una forma del verbo "haber":
Que haya discusiones entre nosotros no es culpa suya.

También es un árbol:
Al lado de mi casa, hay un bosque de hayas.


Mientras que "halla" es una forma del verbo "hallar", que básicamente significa "encontrar".
Quien halla el amor verdadero, no sabe el tesoro que tiene.

Está claro, ¿verdad?, pero si yo ahora pregunto: ¿cuál es la forma correcta?

1-No me importa que la haya besado.
2-No me importa que la halla besado.

¿Qué responderíais?

¡Pues claro! La forma correcta es la primera.
Para conjugar los verbos, siempre hay que usar el verbo haber: No me importa que la haya besado.



3) abría/ habría 

"Habría" es también una forma del verbo "haber" mientras que "abría" es del verbo "abrir".

La pregunta ahora es: ¿cuál de estas dos formas es correcta?

1-Abría preparado el té si hubiera sabido que venías.
2-Habría preparado el té si hubiera sabido que venías.

Exacto, al igual que en el caso anterior, recordad que para conjugar los verbos SIEMPRE hay que usar el verbo "haber", por lo tanto: Habría preparado el té si hubiera sabido que venías es la forma correcta.
No olvidéis la "h".



4) haber/ a ver

Este error lo he visto hace poco:
...podría a ver ido allí...

¿Habéis adivinado el fallo?

¡Claro! Como ya hemos visto en los dos casos anteriores, para conjugar los verbos: SIEMPRE con el verbo haber, por lo tanto, lo correcto es decir:
...podría haber ido allí...




5) osea/o sea/ ósea

Osea: del verbo "osear" que tiene un significado tan exótico como el de espantar las aves domésticas y la caza.

O sea: significa algo como "es decir".

Ósea: adjetivo que tiene que ver con los huesos.

Espero que haya quedado claro,__________, que haya sido de ayuda una vez más.

a) o sea             b) osea              c) ósea


Si habéis escogido la opción "a", habéis escogido bien :)


lunes, 10 de junio de 2013

PALABRAS CON LAS QUE ES FÁCIL CONFUNDIRSE (Parte 1)



INTRODUCCIÓN: Hay palabras que nos engañan con facilidad. 

Son palabras que se parecen mucho, que son prácticamente iguales, pero si las escribimos juntas o separadas, con acento o sin él, pueden cambiar de significado. 





EMPECEMOS:





1) sobretodo, sobre todo

Uno es una prenda de vestir y el otro quiere decir "en especial", ¿sabéis cuál es cuál?

Sí, "sobretodo" (cuando se escribe junto) es una prenda de vestir (ojo, no es la de la foto). 
Si lo que queremos decir es "en especial/ principalmente", hay que escribirlo separado: sobre todo.


Otro ejemplo:

2) hacía, hacia

Uno es del verbo hacer y el otro es la preposición, ¿lo habéis adivinado ya?

Exacto, el imperfecto del verbo hacer lleva acento, pero la preposición no. 

Si lo que queremos indicar es movimiento, entonces, no se pone el acento ortográfico. 
Por ejemplo: 
Caminó hacia el espejo.


3) porqué, por qué, porque 

Estas tres causan muchos problemas, veamos por qué:

Se escribe separado y con tilde (acento ortográfico) para preguntas tanto directas (con signos de interrogación) como indirectas (sin signos de interrogación). 
Por ejemplo: 
Me pregunto por qué no me llamó.

Se escribe junto y sin tilde cuando respondemos a la pregunta ¿por qué? y en general para dar razones. 
Por ejemplo: 
No me llamó porque sabía que estaba enfadada.

Se escribe junto y con tilde solo cuando funciona como sustantivo y va acompañado del artículo.
Por ejemplo: 
El porqué de las cosas.



4) sino, si no

"Sino" (aparte de ser un sustantivo) se escribe junto cuando funciona como conjunción adversativa, es decir, cuando contraponemos un concepto afirmativo a otro negativo.
Por ejemplo:
No te he llamado a ti, sino a Lucía.

Otro uso es el de adición junto con la palabra "también".
Por ejemplo:
No solo se lo dije a Pablo, sino también a José y Víctor


Se escribe separado cuando funciona como locución conjuntiva y significa "de otro modo/ en caso diverso".

Por ejemplo:
No lo sabía, si no, te lo habría dicho.



5) Hay, ahí, ay 

Otro trío problemático:

Hay: del verbo “haber”, quiere decir: “existencia”.
Por ejemplo:
Hay sábanas en el armario.

Ahí: Adverbio que indica lugar.
Por ejemplo:
No te escondas ahí porque te encontrarán enseguida.

Ay: Interjección que expresa muchos movimientos del ánimo.
Por ejemplo:
Ay, no sabes cuánto me alegro de que puedas venir a la boda.


Hay muchas palabras que nos pueden engañar. 

Solo he mencionado cinco casos de los más comunes. En una próxima entrada hablaré de otros cinco casos. Espero que os haya sido de ayuda. 

Ya sabéis, lo importante es comprobar para no dejarse engañar.



Como siempre, las imágenes que aparecen en esta entrada las he sacado de Internet, si hubiera algún problema con los derechos de autor, por favor, me lo dicen. 

viernes, 24 de mayo de 2013

EL DORADO EN SOMBRAS 3ª Parte: La marcha (Si quieres leer este relato, baja para empezar a leer por la 1ª parte)




La marcha
Abro los ojos y no reconozco el lugar. Miro a mi alrededor y todo es de color blanco.


Estoy en la sala hospital.



—¿Estás bien, cariño? —me pregunta mi madre con preocupación.
Mi padre está a su lado y se retuerce las manos.
—Perdóname, Emma, perdóname… yo, yo…
—Tranquilo, papá,… estoy bien.

Es la verdad, no sé qué me han dado, pero me encuentro bien y despejada. Además, sé que él está arrepentido de habernos traído hasta aquí. Ya no estoy enfadada con él. Lo siento así ahora y ese nuevo sentimiento me hace estar tranquila y en paz.
La enfermera se acerca a mí y empieza a quitarme todos los aparatos y cables que tengo enganchados, luego me ayuda a incorporarme y me pregunta:

—¿Estás mareada?

Yo niego con la cabeza.

—Bien, pueden acompañarla a su habitación —les dice a mis padres.

Miro a mi alrededor y veo a más adultos y niños tumbados en camillas, están todos sedados, como tal vez lo estaba yo.

—¿Logramos despegar? —le pregunto a mi padre.
—Sí, fue una pesadilla, pero lo logramos. Estamos en el espacio de nuevo. Ha habido muchos heridos, pero ningún colono ha perdido la vida.

Suspiro aliviada y al hacerlo, me duele todo, tal vez no estoy tan bien como yo creía.

Han pasado varios días. 

Estoy deseando salir y ver a Xavier, él tiene información privilegiada gracias a su padre, él puede explicarme con detalle qué ha ocurrido. Ni mis padres ni ningún otro pasajero saben mucho, solo que el planeta resultó ser muy peligroso y que tuvimos que abandonarlo, "forma de vida salvaje incompatible con la vida humana", esa es la versión oficial.

Por fin salgo de mi convalecencia y me dirijo a la sala grande, pero primero paso por la habitación de Sarah y Rob. Me encuentro con Sarah, está entretenida resolviendo problemas matemáticos en una pantalla táctil. Rob y las niñas han salido a dar un paseo.

—¿Sigues pensando que fue una buena idea venir hasta aquí con vuestras hijas?

Ella parece cansada, pero sonríe, como siempre, y al hacerlo se le ilumina la cara.

—Pues claro, ha sido toda una experiencia viajar por el universo. Ahora el nuevo capitán deja los paneles de visión de la sala grande abiertos y podemos ver el firmamento en todo su esplendor, ¿no lo has visto todavía?
—No, pero iba hacia allí ahora, solo quería saludaros.
—Eres un encanto.
—Entonces, ¿no estás desilusionada?
—No, que va… Bueno, me hubiera gustado vivir en El Dorado… ya me imaginaba vestida de oro de los pies a la cabeza, como Cleopatra.
—Pero os engañaron, nos engañaron a todos, nos prometieron algo que no podían prometer —digo con rabia.
—Bueno, pero ahora vamos de regreso a la Tierra después de haber viajado por el espacio… Es maravilloso. En serio, ve a ver el firmamento, solo por eso ha merecido la pena este viaje.

Sarah sigue sonriendo, la verdad es que me gustaría ser tan optimista como ella, pero no puedo serlo. Cuando pienso en las mentiras, me pongo furiosa.
Me despido de ella y sigo mi camino hacia la sala grande. Enseguida veo a Tim, pero no veo a Xavier por ningún sitio.

—Hola Bella Durmiente, ahora que no está la capitana, sí que eres la chica más guapa de la nave —me dice con una sonrisa encantadora.

No me gusta que haga bromas con la muerte de la capitana, pero no le digo nada porque no lo entendería y seguiría haciendo más bromas… Él es así, creo que no lo hace con maldad.

—¿Has visto a Xavier?
—Ah, claro, mi eterno rival, después de que te salvara la vida con ese acto tan heroico, no me extraña que estés colada por él.
—¿Me salvó la vida?
—¿No te acuerdas?

Empiezo a recordar. Recuerdo como vino a ayudarme y como me agarró para saltar hacia el otro lado de la sala, recuerdo que me sujetó a mi asiento antes de ponerse él a salvo.
Miro hacia el otro extremo y lo veo allí de espaldas, observando el firmamento. Sarah tenía razón, es una visión espectacular ahora que los paneles de visión están abiertos.

—Voy a darle las gracias —le digo a Tim mientras me dirijo hacia Xavier.
—Claro, ve, yo me quedaré aquí para no fastidiaros el reencuentro romántico.

Me sitúo a su lado para observar el espacio exterior y él se gira hacia mí.

—Me alegro de que ya estés bien.
—Gracias a ti.
—No me des las gracias, no lo pensé, solo lo hice.
—Quería hablar contigo.
—Lo sé.

No le digo nada más. Él ya sabe lo que quiero saber. Es extraño, nunca me había ocurrido algo así con nadie, solo nos basta una mirada para saber lo que quiere el uno del otro.

—Los dos supervivientes están en una sala especial en cuarentena. Solo uno ha hablado, el otro está en estado de shock… La sala está protegida  y la comunicación de imagen y sonido se lleva a cabo a través de la sala de control.

Se queda callado. Sé que le cuesta repetir lo que ha oído.

—Continúa, por favor, por muy horrible que sea, quiero saberlo.
—El superviviente les contó al resto de la tripulación que al llegar a las naves no encontraron a nadie. Ni siquiera había cuerpos o esqueletos, pero ellos notaban que no estaban solos. Notaban que los acechaban, así es que empezaron a ponerse muy nerviosos. La capitana, que encabezaba la marcha, se detuvo de repente y se giró hacia sus hombres, luego empezó a hablarles, a darles uno de esos discursitos de ánimo que tan bien se le daban, entonces… mientras ella hablaba… una sombra la envolvió, todos se quedaron mirándola asustados, pero ella no se había dado cuenta de que la sombra la rodeaba, y seguía hablando como si nada… hasta que la sombra la atrapó como si fuera una telaraña, la hizo un ovillo y... la reventó... Todos se quedaron unos segundos inmóviles por el impacto de lo que habían visto, pero enseguida echaron a correr horrorizados. Luego empezó el ataque… esas telarañas negras los empujaban, los hacían volar por los aires y luego los destrozaban como habían destrozado a la capitana, fueron cayendo todos, uno detrás de otro…

Creo que he dejado de respirar porque noto que me mareo. Me entra un sudor frío solo de pensar que todos podríamos haber terminado destrozados por esas telarañas. Me apoyo en el panel para no caer y cierro los ojos unos segundos.

—¿Estás bien?
—Sí, es solo que me asusta pensar en lo que podría haber pasado —digo incorporándome y mirándolo a los ojos de nuevo—. ¿Había... arañas?
—Los supervivientes dicen que no vieron ninguna, solo esas telarañas que parecían tener vida propia.
¿Y por qué están esos hombres en cuarentena?
—Porque mi padre no piensa dejarlos salir hasta estar cien por cien seguro de que se encuentran bien.
—¿Tu padre?
—Es el nuevo capitán, el resto de la tripulación lo decidió por mayoría… Fue el único que se dio cuenta del peligro y ordenó el despegue inmediato. Algunos no querían marcharse hasta averiguar algo más sobre esas telarañas negras. Decían que si se trataba de una forma de vida, había que investigarlas. Otros no querían marcharse sin antes llevarse una buena cantidad de oro, así que hubo gritos, discusiones, divisiones... hasta algún que otro puñetazo... En fin, un poco más y no lo contamos. Aunque todavía hay algunas rencillas y malos rollos, la mayoría reconoce que mi padre nos salvó a todos.
—Y ha tomado la decisión de dejar abiertos los paneles de visión para darnos algo bueno.

Xavier se queda callado, sé que hay algo más, algo que no me ha dicho todavía.

—¿Qué ocurre? —le pregunto—. Vamos, Xavier, ya sabes que no voy a repetir nada de lo que me cuentes.... Puedes confiar en mí… Te debo la vida.

Lo miro con intensidad y de nuevo no sé qué ve él en mis ojos, pero le transmito algo, algo intenso, eso sí lo sé.

—Tarde o temprano se enterarán todos, pero mi padre no quiere que de momento lo sepan.

Hace una pausa y me mira a los ojos con la misma intensidad que yo lo había mirado.

—Con el ataque de las sombras y durante la huida se produjeron muchos destrozos. Hay sistemas que se han estropeado. Los miembros del equipo técnico de la tripulación ya han evaluado los daños. Algunos se pueden reparar, pero otros no tienen remedio… El sistema de hibernación ha quedado destrozado y no hay forma de repararlo...

Intento asimilar sus palabras, por un momento siento pánico, luego, desolación, luego, vacío. Me giro hacia el panel abierto y contemplo el universo. El viaje dura miles de años, sin hibernación no llegaremos nunca a la Tierra, nunca…

Trago saliva y me apoyo en el panel. Noto que Xavier está muy cerca de mí, parece como quisiera abrazarme, pero no lo hace. Me hubiera gustado tanto que me abrazara... Me recupero y lo vuelvo a mirar a los ojos. Luego miro a mi alrededor, la sala grande es el punto de encuentro entre los colonos, el lugar de juegos de los niños, las actividades sociales para los mayores,… dispone del espacio suficiente para dar paseos y hacer ejercicio… Nuestro hogar hasta que muramos.

—Estamos condenados a vagar por el universo —digo con apenas un hilo de voz.
—El universo es muy grande, tal vez encontremos un planeta donde podamos vivir.
—Que no tenga sombras, ni bichos, ni monstruos.
—En el mejor de los casos.
—¿Y en el peor?
—Nuestros descendientes llegarán algún día a la Tierra.

Esa idea me golpea como una bofetada, tal vez porque soy todavía demasiado joven para pensar en hijos y en descendientes.

—¿Sabes?  Mi único consuelo era pensar que cuando cumpliera los dieciocho, podría regresar a la Tierra. Hibernar hasta volver al planeta azul, volver a montar a caballo por los prados y las montañas. Ese pensamiento me tranquilizaba. No quiero ni imaginar que nunca jamás podré hacerlo… No quiero… No quiero… No puedo.

Xavier no me dice nada, pero yo sé lo que está pensando. Tengo que hacerme a la idea, pero no quiero. No quiero aceptarlo. Me angustia el solo hecho de pensar en ello. Necesito montañas, necesito caballos y prados con flores, ¿cómo voy a poder vivir sin eso?

—¿Cuándo lo sabrán los demás?
—Cuando se aburran de mirar el universo y se hayan olvidado de lo mal que lo pasaron con la hibernación y empiecen a preguntar cuándo hibernaremos de nuevo.
—¿Por qué esperar?
—¿Por qué amargarles la vida tan pronto?

Miro a mi alrededor y veo a la gente conversando animadamente, algunos ríen, los niños corren y juegan, muchos miran el universo… Luego miro a Xavier a los ojos.

—Es una idiotez lo que voy a decir, pero… me alegro de que estés aquí. Si no hubiera alguien como tú en este lugar, la situación sería insoportable, creo que me volvería loca.

Él sonríe con timidez.

—Yo también me alegro de que haya alguien como tú aquí, aunque sea una idiotez querer que alguien esté en este lugar.

Intento devolverle la sonrisa, pero hay algo en mi subconsciente, algo que me preocupa más que el hecho de no poder regresar jamás a la Tierra. Algo que me molesta, que es como un aguijón en el cerebro. Tengo que saber lo que Xavier piensa.

—Los dos supervivientes no representan ningún peligro, ¿verdad? No sé, tal vez es que he visto muchas películas, pero me asusta un poco pensar que pueden estar contaminados de alguna forma y ser peligrosos.

Xavier no me responde, me mira y solo con su mirada sé que a él también le preocupa. 



      © Trinity P.Silver

                                        

viernes, 17 de mayo de 2013

EL DORADO EN SOMBRAS 2ª Parte: La llegada



La llegada

Hace horas que salió una expedición y no ha vuelto.
La espera se nos está haciendo eterna.

—¿Hay alguna novedad? —le pregunto a Xavier.

—Ninguna... mi padre está muy preocupado… No hay contacto con el exterior, las comunicaciones con las naves nodrizas es inexistente. Están ahí, pero parecen abandonadas y deshabitadas.  Es como si nunca se hubiesen usado.
—¿Y qué hay de los científicos que se supone que llegaron aquí hace veinte años? —pregunta Tim.

Xavier respira hondo antes de contestar:

—No han encontrado a nadie… todavía… No os puedo decir mucho más. Mi padre me había dejado que lo acompañara a la sala de control cuando salió la expedición, pero como la tensión iba en aumento, me dijo que me fuera, que ya volvería a llamarme cuando se supiera algo, pero han pasado horas y está todo herméticamente cerrado. No he podido volver a hablar con él.
—A ver, todavía no han encontrado a nadie, pero están ahí, ¿no? —insiste Tim—. Deben de estar ahí, en alguna parte, no pueden haber desaparecido, ¿cuántos eran? ¿Cincuenta como nosotros? ¿Y su nave? ¿Dónde está su nave?
—La nave está ahí, Tim —repite Xavier con paciencia—, pero no hay signos de vida.

Tim parece confuso y sigue insistiendo en el mismo tipo de preguntas que Xavier responde con calma.

Mi mirada se encuentra con la de Xavier y por la angustia que puedo ver en sus ojos verdes sé que algo ha ido mal, muy mal...

Me alejo de ellos, pero quedamos en vernos un poco más tarde y en mantenernos informados de lo que vaya ocurriendo.

Por fin llegó la expedición. 

La tripulación está reunida. Parece que todos están muy nerviosos. 
Sabemos que han regresado por todo el jaleo que ha habido: gritos, prisas, carreras, puertas que suelen estar abiertas, cerradas,… pero aparte de eso no sabemos nada más. Nadie sabe nada más, ni siquiera Xavier. Su padre no ha vuelto a dejarlo entrar en la sala de control, pero él se mantiene cerca, a la espera. 

Los paneles de visión están herméticamente cerrados. Al principio, cuando aterrizamos, los abrieron y las potentes luces de la nave hacían posible ver el exterior como si fuera de día. Luego, sin previo aviso, los cerraron. Solo mantenían abiertos los de la parte frontal de la nave, donde está la sala de control, que es un lugar de acceso restringido y al que solo pudimos entrar cuando la capitana nos invitó para soltarnos su discurso de bienvenida.

Ya habían cerrado los paneles cuando salió la expedición, así que no hemos podido ver nada… tal vez sea mejor así. Algunos pasajeros empiezan a ponerse nerviosos y a impacientarse. 
Los gemelos de Texas parece que noten la tensión en el aire y se ponen a llorar a cada dos por tres. Los demás niños no lloran, pero están intranquilos.

Al cabo de un rato, Xavier viene a nuestro encuentro, está pálido. 
De repente, se oye una alarma seguida de una voz a través del sistema de sonido que avisa a todos los pasajeros para que vuelvan a sus habitáculos de inmediato.
No es la voz de la capitana y eso me extraña mucho. Me extraña muchísimo. 
La gente está asustada y corre a refugiarse a sus habitaciones, ahora sí que lloran y gritan los demás niños.
Nosotros tres nos quedamos en la sala grande mientras la alarma sigue resonando.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Tim con impaciencia.

Xavier no responde inmediatamente.

—¿Y la capitana? —le pregunto yo casi gritando para hacerme oír por encima del sonido de la alarma.

Me mira a los ojos y dice:

—Ha muerto... Han muerto casi todos.

Ha hablado tan bajo que casi he tenido que leerle los labios.   
Durante unos segundos pienso que es imposible, seguramente ha querido decir otra cosa y yo no lo he entendido.

—Pero, ¡¿qué ha pasado?! —pregunta Tim con desesperación.

De repente, la nave se tambalea y perdemos el equilibrio. Nos caemos al suelo. La nave se alza y cae pesadamente de nuevo. El impacto nos hace rebotar.

—¡Tenemos que sujetarnos! —nos ordena Xavier.

Sale corriendo hacia los asientos laterales y nosotros lo imitamos, pero antes de llegar, la nave se tambalea de nuevo y salgo despedida en dirección contraria. La nave vuelve a caer pesadamente y yo vuelvo a rebotar por la sala lejos de los asientos de sujeción. Siento un dolor horrible en el costado. Oigo a la gente chillar presa del pánico.

—¡¿Pero qué está pasando?! —grita Tim.

No sé cómo, pero Xavier llega a mi lado, me agarra con fuerza y aprovecha uno de los rebotes de la nave para prácticamente volar al otro lado de la estancia, caemos al suelo y grito de dolor, ahora sí que creo que me he roto algo. Él no me suelta, consigue llevarme al lateral, donde están los asientos de sujeción. 
Los gritos siguen. 
Me duelen tanto las costillas que no puedo respirar, tengo náuseas. Todo se mueve. Es como si la nave quisiera escapar de una sustancia pegajosa que la obligara a caer una y otra vez. 
Los motores gimen con fuerza intentando separarse de la sustancia que los mantienen pegados como si fuera chicle. Los golpes y los zarandeos se suceden sin parar. 
He perdido la noción del tiempo. Por un momento me he trasladado años atrás, cuando era pequeña y solía ir a la feria y me montaba en las montañas rusas. 
Todo se mueve con golpes bruscos, todo me da vueltas. 
El dolor es insoportable. 
He vomitado en el aire y al caer de nuevo mi propio vómito me ha caído encima. Creo que voy a morir, que todos vamos a morir…
No oigo mis gritos por todo el ruido que hay a nuestro alrededor, pero grito a pleno pulmón a pesar del dolor desgarrador en las costillas. No puedo dejar de gritar.

Si hubiéramos estado en el exterior, habríamos visto a la nave envuelta en sombras como una mosca que intenta escapar de una gran telaraña negra, pero no estamos en el exterior. En el interior, todo son golpes, zarandeos y gemidos metálicos.

Continuará...




© Trinity P. Silver